Viviendo la Patagonia Norte

23 sep

Como salida de un cuento la ruta 40 nos da la bienvenida recibiéndonos con una fuerte dosis de colores y sensaciones, reflejadas en lagos y nevados que nos empiezan a acompañar a lo largo de todo el camino. Estábamos entrando por el norte a la ruta 40, ruta que ya tuve la dicha de conocer 2 años atrás y que atraviesa y une la Patagonia de Norte a Sur.

Pero este viaje no comienza aquí, forma parte de una ruta que hace mucho ansiaba recorrer. La ruta comenzó en Santiago de Chile donde llegamos después de volar desde Lima, para luego tomar un bus y cruzar la frontera con destino a Mendoza donde dedicamos 2 días para conocer sus viñedos y demás rincones para seguido de ello enrumbar a la Patagonia Norte Argentina, recorriendo las regiones de Neuquén y Rio Negro. El invierno seguía y con ello muchos lugares gozaban de nieve, pero la primavera empezaba a saludarnos y nos acompañaba con sus días de sol y flores típicas de la región, esta mezcla de estaciones solo acrecentaba la belleza inigualable de esta zona de la Patagonia que sin duda alguna, vale la pena conocer ofreciendo encanto en cualquier época del año.

Después de muchas horas en bus llegamos al que sería nuestro punto de partida para conocer todos los atractivos de la región, Bariloche. Barilo Barilo que linda es Barilo, como describir esta ciudad de montaña que sin duda alguna es el paraíso para aquellas personas amantes del chocolate (me incluyo), de las cervezas artesanales, de las cabañitas de madera c/u con más encanto que la otra y por si esto fuera poco todo bordeado por el bellísimo lago Nahuel Huapi. Llegamos al final del día por lo que después de instalarnos en el Hostel Cóndor de los Andes, salimos a recorrer esta pintoresca ciudad, infaltable su paseo por el Centro Cívico y la catedral Nuestra Señora de Nahuel Huapi. Una cenita en el boliche de Alberto, visitas a algunos bares de cervezas artesanales y como no al recientemente inaugurado Ice Bariloche, el primer bar de hielo en todo Sudamérica, visita infaltable.

Nuestro segundo día optamos por visitar Cerro Otto seguido de Cerro Catedral. Para llegar al primero bastaba con tomar los buses que salían desde la ciudad y sin costo alguno nos dejaba en la parte baja. Desde ahí tomamos un teleférico, la vista desde lo alto es solo una pincelada de todo el paisaje sobrecogedor que esconde esta región. Almorzamos en la confitería giratoria que se ubica dentro del Cerro Otto y de vuelta al teleférico para bajar y seguir rumbo al Cerro Catedral…que lindos que son los centros de esquí!!! Como teníamos poco tiempo no pudimos esquiar, pero para otra vez será, aprovechamos la tarde y después de llegar a Cerro Catedral subimos en una aerosilla que nos llevarían a la parte alta. Toda una experiencia viajar en aerosilla, en la subida muerta de miedo pero en la bajada pude verdaderamente disfrutar de esta inigualable experiencia, mis pies tocando el cielo, libres como el viento. Al final de la tarde, fuimos a la base del Cerro Catedral para su respectivo After Ski jaja, unas chelitas, buen ambiente y a disfrutar, y bueeeeenoooo no podía ser de otra manera, estábamos viviendo Barilo!

Volvimos a Bariloche para el atardecer, que nos regaló unas buenas vistas desde el Lago Nahuel Huapi. Era el último día que Clau me acompañaría en este viaje, ella debía viajar a Puerto Montt para luego tomar un avión de retorno a Lima mientras que yo seguiría en esta travesía por mi cuenta. Sin duda alguna, excelente compañera de viajes, en estos días que compartimos juntas nos dimos cuenta que somos una muy buena dupla viajera, sincronizadas al máximo y con la misma onda viajera, love you vavi! Así que volviendo a nuestra última noche juntas en Barilo no podíamos dejar de probar el plato más típico de la Patagonia, un buen cordero patagónico, claro está acompañado de un rico vinito, el elegido fue el restaurante de la familia Weiss, buena elección de un amigo argentino que nos acompañó en esta linda velada.

Tercer día en Bariloche y el plan para hoy era simplemente de ensueño, la Ruta de los 7 Lagos que decidí hacer gracias a la recomendación de una buenísima amiga neuquina Patricia, linda Pato. El primer punto de partida fue Villa La Angostura, pequeña ciudad de montaña ubicada a unos 70 km de Bariloche, recorrer sus callecitas llenas de cabañas de madera era un placer para el viajero, provocaba quedarse ahí y disfrutar el simple hecho de no hacer nada, solo caminar y perderse entre tanto encanto. Pero lo bueno recién empezaba, así que seguimos con la ruta y poco a poco se fue abriendo paso ante nosotros una pasarela de lagos de inigualable belleza, cada uno con su encanto característico, y por si fuera poco todo rodeado de bosques, montañas y miradores que permitían disfrutar plenamente del lugar. Visitamos Lago Espejo (1), Lago Correntoso (2), Lago Escondido (3), Lago Villarino (4), Lago Falkner (5), Lago Machónico (6) y finalmente Lago Lácar (7), este último ubicado al pie de San Martín de Los Andes, otra ciudad donde vale la pena perderse, y por qué no, vivir. Esta linda localidad le da la bienvenida a la primavera cubierta de rosa gracias a los ciruelos en flor que adornan hasta el más mínimo rincón, podía tener más encanto este lugar? Creo que no jeje. Al retorno a Bariloche decidí ir en busca de un rico fondue, no podía ser otro lugar que en La Marmite, y para acompañar el delicioso fondue de queso un vinito blanco de Bianchi.

Cuarto día en Bariloche, hoy día sería plan relajo, sin armar un programa en particular tomé un bus Vía Bariloche con destino a El Bolsón, a unos 120 km al sur. El camino me sorprendió con mi primer arcoíris de este viaje, el segundo y último lo vería en mi último día en la Patagonia ya del lado chileno. El clima estuvo de mi lado así que después de un pequeño desayuno en un café de la plaza aproveché y decidí hacer un mini trekking al Cerro Amigo, donde encontré un mirador bellísimo de toda esta localidad rodeada de valles y nevados. Lo mejor de este recorrido es que no tuve que compartirlo con nadie más, momento perfecto para estar sola, pensar, meditar, reflexionar y descansar. Volviendo al centro el sol patagónico pedía a gritos una cerveza bien heladita, y como perderse de ello si estábamos en una de las mecas de la cerveza artesanal, la cervecería y restaurante El Bolsón fue el elegido, rica ensalada acompañada de la cerveza negra de invierno, muy recomendable! El Bolsón también es conocido por su feria regional ubicada en la plaza de armas, vale la pena darse una vuelta por aquí.

Con muchas expectativas llegó mi quinto y último día en Bariloche, sería un día largo y lleno de emociones. Decidí hacerlo en tour y a la mañana hicimos el Circuito Chico, primera parada Cerro Campanario, previa subida en aerosilla (cada vez me divierten más jeje). Tengo que admitir que esta fue mi vista favorita de todos los miradores, llegué a la cima y simplemente no podía creer lo que mis ojos veían, un paisaje tan inmaculado e intenso a la vez, tan lleno de vida y de paz, ni la mejor de las cámaras lograría captar su belleza, uno de esos lugares donde tienes que estar ahí para vivirlo y sentirlo. Luego seguimos con el circuito bordeando el lago Nahuel Huapi y Moreno y más paisajes de ensueño. Por la tarde llegó el turno de una excursión lacustre a la Isla Victoria y el Bosque de Arrayanes a bordo del barco Modesta Victoria. Solo el trayecto en barco ya valía el viaje en sí, respirando naturaleza y libertad, todo el paisaje se podía ver reflejado en las aguas del lago Nahuel Huapi y antes de bajar de este sueño ya habíamos llegado a la bellísima Isla Victoria. Decidí recorrerla por mi cuenta, conociéndola a mi ritmo y simplemente sintiendo el lugar. Luego de esta parada el último punto antes de volver sería el Bosque de Arrayanes, único en el mundo y con la tan famosa casita de Bambi.

Mis días por esta región de la Patagonia Argentina llegaban a su final, y que mejor despedida que comprando riquísimos chocolates artesanales y otros recuerdos para hacer estos momentos eternos, mañana tocaba partir rumbo a tierras chilenas, nuevamente la Patagonia Argentina me había sorprendido y dejado con ganas de ver cada vez más, de recorrer cada rincón de esta bella región.

Muy temprano tomé el bus Vía Bariloche con destino a Puerto Montt en Chile, para luego tomar otro bus que me llevaría a Puerto Varas. Esta ciudad queda en la Región de Los Lagos y se formó a partir de una colonización de inmigrantes alemanes a orillas del Lago Llanquihue. Recorriendo toda la costanera se pueden apreciar los volcanes Osorno y Cabuco así como mágicos atardeceres si el clima está de nuestra parte. Vale la pena recorrer toda la costanera tanto de día como de noche. Y como dejar de lado la clásica postal de Puerto Varas, su famosa iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.

Solo estaría un día más en la Patagonia Chilena antes de volver a Santiago para tomar mi avión de regreso a Lima así que tenía que aprovecharlo con todo. Para mi segundo día tomé un tour donde pude visitar el volcán Osorno, la Laguna Verde, el Lago de todos los Santos y por supuesto los Saltos de Petrohue, saltos consecutivos en medio de rocas de origen volcánico, sin duda dejamos lo mejor para el final. No hay que dejar de probar el chocolate caliente del puesto de la entrada y la empanada del puesto que está a los pies de los Saltos, sin duda el mejor chocolate caliente y empanada del viaje. Terminado el tour tomé un bus con destino a Frutillar, ciudad también fundada por inmigrantes alemanes y que sorprende a quien lo visite por su imponente Teatro del Lago al pie del lago Llanquihue. A lo largo de su costanera también destacan su bello piano y el muelle, que en conjunto le suman aun más belleza a este rinconcito de la Patagonia Chilena. El regreso a Puerto Varas lo hice en compañía de un nuevo amigo chileno, recorriendo una ruta increíble, llena de naturaleza y paz, y como si esto fuera poco a la llegada a Puerto Varas la ciudad nos recibe con un bello arcoíris, no podía más con la felicidad, definitivamente fue la mejor manera de culminar este viaje que no había dejado de sorprenderme. Estos últimos 2 días pude conocer un poquito de la Patagonia Chilena que no dudó en recibirme con los brazos abiertos, sin duda alguna volveré y seguro antes de lo pensado, este será el punto de partida para una nueva ruta pendiente que tengo en la Patagonia donde el destino final será Ushuaia, el fin del mundo, pero eso en su momento.

Por la noche tocaba tomar un bus nocturno rumbo a Santiago de Chile, donde aproveché para recorrer en unas horas lo más representativo de su ciudad; el Palacio de la Moneda, la Plaza de Armas, el barrio de Lastarria, la Chascona de Neruda y a carretear un poco con una amiga brasilera en el bello barrio de Bellavista.

Mi viaje llegaba a su fin y consigo nuevas y gratas experiencias que me tocó vivir, nuevamente sentía que la Patagonia era uno de esos lugares en el mundo donde me puedo sentir tan conectada conmigo misma y con el entorno. Me llevaba un nuevo baúl lleno de recuerdos que perdurarán y quedarán conmigo siempre, no solo de paisajes sino también de gente maravillosa que fui conociendo en el camino y momentos como estos simplemente no tienen precio.

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